¿Qué es la Uveitis?

La uveítis es una inflamación de la úvea, la capa vascular del ojo que se encuentra entre la esclerótica (parte blanca) y la retina. Esta capa está compuesta por tres estructuras: el iris, que da color a los ojos; el cuerpo ciliar, que produce el líquido ocular y ayuda a mantener la forma del ojo; y la coroides, que nutre los tejidos oculares. La inflamación puede afectar una o varias de estas partes, lo que se conoce como panuveítis. La uveítis puede presentarse de forma aguda (de corta duración) o crónica (persistente), así como ser recurrente, con períodos intermitentes de síntomas.

¿Qué síntomas produce la uveitis?

Los síntomas de la uveítis varían según la parte afectada. En casos donde la inflamación afecta el iris y el cuerpo ciliar, los pacientes suelen experimentar enrojecimiento ocular, dolor, sensibilidad a la luz y visión borrosa. Cuando la inflamación se localiza en la coroides, los síntomas pueden ser menos evidentes; es común no presentar dolor ni enrojecimiento, pero pueden aparecer moscas volantes y pérdida transitoria de la visión. Si no se trata adecuadamente, existe el riesgo de complicaciones graves que pueden provocar daños visuales permanentes.

¿Por qué se produce la uveitis?

La uveítis es más frecuente en personas de entre 20 y 40 años y representa la tercera causa de ceguera en edad laboral en países desarrollados. Su origen es multifactorial, lo que significa que puede desarrollarse de forma aislada o estar relacionada con trastornos sistémicos. Entre las causas más comunes se encuentran infecciones, como la toxoplasmosis y la tuberculosis, así como trastornos autoinmunes como el lupus y la artritis reumatoide. A menudo, el origen de la inflamación permanece desconocido, afectando aproximadamente al 30% de los casos.

¿Cuál es el tratamiento?

El tratamiento de la uveítis es crucial y debe iniciarse lo antes posible para aliviar los síntomas y prevenir daños en la visión. El manejo generalmente incluye el uso de corticoides en forma de gotas para reducir la inflamación. En algunos casos, se pueden emplear otros medicamentos como antiinflamatorios no esteroideos, antibióticos o inmunomoduladores, dependiendo de la causa subyacente. Es fundamental un seguimiento oftalmológico continuo para monitorear la evolución de la enfermedad y prevenir complicaciones asociadas, como el glaucoma o la catarata. La uveítis, aunque compleja, puede ser manejada de manera efectiva con un tratamiento adecuado y atención especializada.

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